domingo, 10 de agosto de 2014

El enamorado y el Olvido.

El enamorado no desea el olvido, lo que quiere es que el objeto de su amor modifique sus preferencias. Pero no el olvido. El enamorado quiere perseverar en su amor, no quiere sacárselo al amor. El que esta enamorado de veras, con esa espantosa pertinacia, que bloquea la mente y el alma, con esa cerrazón ciega del enamorado contrariado... ese tipo no se quiere olvidar..., se quiere acordar. Y si alguien le trae en una mano el olvido y en otra el sufrimiento, el tipo elige el sufrimiento, porque le parece que ahí se esta retemplando, le parece, y le parece mal, que el objeto de su amor, que la persona amada, va a registrar ese acto de nobleza, va a registrar que el eligió no olvidarla y eligió sufrir, lo va a registrar en esta u otra vida. O que algunas entidades divinas van a registrar ese acto de nobleza y lo van a recompensar. Va a venir un ángel, pongamos por caso, y va a decir:  -"Has sido noble"..."Has elegido el sufrimiento sobre el olvido, te daré el siguiente don, la persona que tu amas te amara..." Bueno... todo eso cree erróneamente el enamorado, porque no sucederá eso, ese gesto de nobleza, de supuesta nobleza, de elegir el sufrimiento en lugar del olvido, nadie lo va a registrar como positivo, nadie, menos que nadie la persona que el ama. Que registrara eso como un gesto de locura.  ¿Que hace una persona decente cuando uno no la quiere?, te olvida!, y este no, en vez de olvidarme, cosa que me permitiría librarme de su presencia molesta en todas partes... no, elige sufrir. ¿Y que me produce a mi que soy el objeto de su amor este sufrimiento?... culpa.  Yo quisiera que el no sufriera, pero no porque me importa el, sino porque no quiero que me moleste[...]
El que se enamora y no lo quieren, tiene una sola salida, una sola, que es el camino que conduce a otra persona, esa es la única salida, hay que huir en dirección a otra persona, cuando uno tiene la desgracia de enamorarse de alguien que no lo quiere, corra, corra, pero corra, corra pero muy ligero hacia otra mujer, y arrojese en sus brazos y busque a la que perdió allí. Si... no busque nunca abrazos que no lo quieran. NUNCA! No lo haga.

sábado, 31 de mayo de 2014

martes, 20 de mayo de 2014

Verte, y festejar también que aún me quedan purezas sin tristezas en mi corazón.
"Buen día, mi vida" mientras pienso como llegue acá, una noche me abrazaste, te besé y no dormimos ni sufrimos más. Habrá sido nuestro premio por no salir corriendo, o el castigo por no saber escapar.

¿Para qué sirve la utopía?



Ella está en el horizonte dice Fernando Birri. Me acerco dos pasos y ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos, y el horizonte se desplaza diez pasos más allá. A pesar de que camine, no la alcanzaré nunca. ¿Para qué sirve la utopía? Sirve para esto: para caminar. La utopía sirve para caminar, pero hay otra utopía que es la del poder negativo que nos querría hacer vivir sin caminar, quizás se deba decir que dejaremos de morir y reanudaremos con fuerza el camino cuando renunciemos al poder...

Creo que el mejor de mis días es aquel que debe todavía venir. La cosa más bella de la vida es la capacidad de sorpresa. Las cosas que suceden cuando nadie lo espera no son siempre malas noticias, a veces son cosas muy bellas, y este es un modo, un mensaje de la vida para decirnos que vale la pena, que vale la pena esperar estas noticias. Es normal que sea difícil, que haya momentos en que nos caemos, nos levantamos y volvemos a caer.

Estos son tiempos difíciles, muy difíciles, pero no hay que tener miedo, no hay que amedrentarse. Debemos saber que no es real sólo la realidad que conocemos, que es real también la realidad de la que tenemos necesidad, que es tan real como la otra, porque está dentro de la panza de la otra.

Años atrás visité en Venezuela, sobre el lago Maracaibo, a mi amigo pintor Vargas. Este pintor era también un carpintero analfabeto, era un artista con un talento extraordinario: nació, creció y murió en el mismo lugar, aquel lugar tan deprimente, horrible, que se llama Cabimas. Cabimas fue, por mucho tiempo, la fuente principal de petróleo de todo el occidente, un tesoro de petróleo que dio millones de dólares a las compañías y a las industrias.

Se trataba de un lugar oscuro, tristísimo porque el petróleo había matado todo lo que había tocado, no había más verde en Cabimas, todo tenía el color del petróleo, no había pájaros, no había árboles, no había peces vivos en el agua. Era un cementerio, todo gris o negro... Bien, a pesar de los grises y los negros, el pintor que vivía en este lugar pintaba con colores vistosos, pintaba árboles llenos de hojas, pájaros de dimensiones enormes. Un mundo completamente loco hecho de una estrepitosa alegría de la imaginación. Vargas murió, y sus obras se venden ahora muy bien en las galerías de arte más importantes del mundo como expresión de la exuberante naturaleza latinoamericana.

Vargas es la prueba de que estamos en una tierra besada por los dioses porque tenemos esta naturaleza particular. Vargas murió en la miseria, el pobre no tenía idea del valor de lo que hacía. Yo le decía: Vargas, tu eres un pintor realista y él, que no sabía mucho de la historia del arte: Ah, ¿soy realista? Sí, le decía yo, y él: Ah, bueno. El aceptaba esto, lo creía verdaderamente, porque Vargas no pintaba la realidad que conocía, sino la realidad de la que tenía necesidad y por eso era un pintor realista. Esto lo creo profundamente.

(Palabras dichas por Eduardo Galeano, en una entrevista concedida a la revista italiana Una Città.)

domingo, 27 de abril de 2014

BALADA DEL AMOR IMPOSIBLE

Los cronistas más serios del barrio del Ángel Gris coinciden en destacar la propensión de sus habitantes hacia los amores imposibles. Así, mientras los jóvenes de otros barrios se enamoran de muchachas groseramente posibles, los hombres de Flores parecen condenados a amar - casi siempre en secreto - a mujeres que no serán para ellos. Y en honor a estas damas es que los Hombres Sensibles hacen lo que hacen. Algunos emprenden desde chicos el estudio del violín, únicamente para aprender a tocar un vals en obsequio de su amada. No importa que ella no alcance jamás a oírlo. Ese no es el punto. Otros indagan los secretos de la versificación y se sumergen en el dolor para lograr una poesía. Hay quienes se ejercitan en el coraje y cultivan la guapeza. Y no faltan los que eligen la melancolía o la locura. Piensan los Hombres Sensibles que siendo mejores merecerán ser amados. Y para la ética sentimental de este barrio, los mejores hombres son artistas, valientes, tristes o locos. Por eso los muchachos más virtuosos de Flores sufren por amor. Esta realidad ha despertado la atención de todos y la piedad de muchos. Cada semana, los enamorados de Flores reciben el consejo de sus amigos sabios de otras barriadas. - ¿Por qué amar a la Gran Marquesa del Norte, que es en realidad un duende? ¿Por qué no conformarse con la hija del yesero? Son voces tentadoras que exponen las ventajas del amor razonable. A estas exhortaciones, los Hombres Sensibles responden - no sin acierto - que en el amor no existe el libre albedrío y que nadie puede decidir de quién va a enamorarse. Sin embargo - ya a riesgo de caer en especulaciones psicológicas fuera de tono - cabe reconocer que los muchachos del Ángel Gris tienden a aproximarse sentimentalmente a las mujeres que menos les convienen. Los tratadistas de Villa del Parque y los Refutadores de Leyendas sostienen que buscar pareja es una tarea enteramente racional y hasta científica. Vale la pena citar la novela didáctica "Hoy te amo con la cabeza", del profesor Amadeo Battista. Esta obra esconde - apenas - la tesis antedicha, entre los rotosos pliegues de su trama. Parecidos criterios auspicia la esposa de este pensador, la doctora Alba C. de Battista en su libro "Me casé con un cretino". Muchos hombres de negocios, comerciantes e industriales de la zona han entendido que el amor imposible es cosa nefasta, no sólo para el que ama, sino también para el desarrollo de las actividades productivas en general. Declaran estos lúcidos mercaderes que, por lo común, los enamorados sin esperanza son pésimos empleados, más atentos al recuerdo de unos ojos pardos que a la correcta realización de una nota de débito. Tratando de reducir el número de desencuentros amorosos en beneficio de la felicidad general, los Refutadores de Leyendas con la ayuda de dos contadores de la Sociedad de Fomento de Villa Malcolm, prepararon las Tablas del Amor Infalible, especie de regla de cálculo según la cual las medidas del cuerpo del hombre, su coeficiente intelectual, su edad, su educación, fortuna y berretines determinaban de un modo preciso a la mujer más conveniente para sus planes amorosos. Esto es ni más ni menos que la refutación de una leyenda o - lo que es peor - su reducción a términos científicos. La leyenda es ésta: "Hay para cada hombre una mujer, una sola, que reúne todas las virtudes que ese hombre sueña. Su belleza está hecha para deslumbrar a ese hombre. Su voz ha sido creada para seducirlo. Su inteligencia, para suscitarle y sugerirle ideas amables. Su ternura, para hacerle dulce el diario sufrimiento. Esa mujer existe y anda por esas calles. Pero el destino ha decidido que nunca jamás se crucen los caminos de ningún hombre con la mujer que para él fue concebida." Manuel Mandeb asegura en sus Memorias que cierta tarde creyó reconocer a lo lejos a la mujer que le correspondía, conforme a la leyenda. Inmediatamente se trabó en lucha con el destino y trató de alcanzar a la muchacha. Lo consiguió en la esquina de Artigas y Avellaneda. Luego de interceptarle el paso, procedió a explicarle la vieja creencia de los Hombres Sensibles, mientras se secaba el sudor y trataba de recobrar el aliento. Pero la mujer no conocía la leyenda, o tal vez la conocía y la acataba puntualmente: dio media vuelta y se fue por Artigas hacia el norte. Y ya que mencionamos a Manuel Mandeb, conviene recordar que su ilegible prosa se alzó solitaria frente a los tratados racionalistas y a los inventos de los Refutadores de Leyendas. El polígrafo de Flores dejó un voluminoso estudio caratulado, Registro de amores imposibles en la línea del Sarmiento. La obra consta de 914 fichas que corresponden a otros tantos casos concretos de amor sin recompensa. Está dividida en cuatro capítulos: El primero, subtitulado Nunca le dije nada, es el más extenso y registra episodios protagonizados por enamorados silenciosos. El segundo, Negativas expone 115 rechazos, sus motivos, sus términos y consecuencias, para no hablar de otros detalles más bien superfluos que suelen recargar toda la obra de Manuel Mandeb. El tercer capítulo, Amargo desengaño, cataloga 126 decepciones, incluidas cuatro padecidas por el propio autor. El cuarto y último capítulo es un inspirado texto romántico que se conoce como Elogio del amor inconcluso. Veamos este párrafo: "...Así como las personas que mueren en la plenitud nos ahorran el recuerdo de su vejez, los amores interrumpidos abruptamente siguen viviendo en nuestro corazón no como brasas agonizantes, sino como horrorosas llamas que queman cada noche...
"...No hay mejor amor que el que nunca ha sido. Los romances que alcanzan a completarse conducen inevitablemente al desengaño, al encono o a la paciencia; los amores incompletos son siempre capullo, son siempre pasión." Pero dejemos ya a Manuel Mandeb y reflexionemos sobre ese delicado asunto. Es cierto que infinidad de personas decentes viven la módica dicha del amor común y corriente. Pero el amor imposible, aquél del cual solamente son capaces los Hombres Sensibles de Flores, es el único cabalmente maravilloso y digno de admiración. Ocurre así: un muchacho se enamora de la Mujer Más Hermosa. Desde ese momento, su vida no tiene otro sentido que ese amor. Sin embargo, el hombre sabe que no tiene chance en esa carrera, pues las Mujeres Más Hermosas suelen casarse con otros caballeros, generalmente ricos o buenos mozos o ambas cosas. Sus buenos amigos le aconsejarán el olvido, pero este hombre ha nacido en Flores y no tiene la menor intención de gambetear el dolor. Y cada día deja mansamente que la tristeza le invada los huesos y que tiña hasta el último de sus pensamientos. A veces, las distracciones y los mundanos asuntos amenazarán con hacerle olvidar siquiera por un momento su amor y pesadumbre. Pero el hombre reaccionará inmediatamente y se sumergirá otra vez en su propio abismo. Que nadie se engañe. Este hombre que ríe a carcajadas cuando algún conocido le refiere el cuento de los supositorios, está pensando en su amor imposible. Y la sangre que hincha sus venas es negra y espesa. Pero, atención. Este amor que lo hace desgraciado es el que le hace mejor. El ya ha renunciado a la Mujer Más Hermosa. Jamás padecerá decepciones. Su pasión no envejecerá ni se envilecerá. Nadie podrá engañarlo. Y a fuerza de bañarse cada día en el sufrimiento, habrá aprendido el secreto de la resignación. Los caballeros exitosos no conocerán jamás la verdadera esencia del amor imposible. Ellos jamás juegan su vida a una sola baraja. Con toda prudencia realizan inversiones en uno y otro lugar para compensar con unas las pérdidas ocasionadas por otras. Pero el amor imposible no es cosa de prudentes, sino de Quijotes. Sólo cuatro veces en doce años vio Alonso Quijano a Aldonza Lorenzo. Jamás cruzaron palabra. Pero eso le bastó para vivir en ella y por ella. Sin esperar recompensa. Por eso, señores, si acaso atesoran ustedes uno de estos metejones locos, a no arrepentirse. Sigan soñando y esperando lo imposible. Aunque sepamos que nuestras ilusiones no habrán de cumplirse nunca, sigamos acariciándolas. Lo contrario sería - como pensaba Wimpy - confundir una ilusión con un pagaré. Será una larga jornada. Muchas veces tendremos ganas de contar nuestra pena, pero no podremos hacerlo, para no profanarla. Siempre estaremos solos y tristes, pero no es para tanto. Después de todo, ya se sabe que los únicos paraísos que existen son los paraísos perdidos...

 Alejandro Dolina

viernes, 11 de abril de 2014

Te amo invierno mio.

Ella-¿Cómo será una primavera con una esquina rota?¿Como un invierno menos frió? Y... ¿le gustará ser un invierno?A mi siempre me cayó mal la primavera, me la imaginaba como una muchacha popular y bronceada, presumida y arrogante y el invierno me daba pena pero me gustaba, frío y blanco, triste y solo.Todavía sigo pensando igual.
Él-Si piensa en las estaciones como en personas ¿como piensa a las personas? como estaciones seguro que no, ¿tendrá usted una enfermedad rara que todo lo piensa como algo mas? las personas como estaciones, las personas como mascotas quizá y las horas del día como colores, bueno no se si sea una enfermedad pero, si la es, es una bonita enfermedad... por favor contagieme usted y si es usted quien creo, quiero ser invierno y que me contagie con un beso.
 
 

lunes, 7 de abril de 2014

Tu más profunda piel

Cada memoria enamorada guarda sus magdalenas y la mía -sábelo, allí donde estés- es el perfume del tabaco que me devuelve a tu espigada noche, a la ráfaga de tu más profunda piel. No el tabaco que se aspira, el humo que tapiza las gargantas, sino esa vaga equívoca fragancia que deja el cigarro en los dedos y que en algún momento, en algún gesto inadvertido, asciende con su látigo de delicia para encabritar tu recuerdo, la sombra de tu espalda contra el blanco velamen de las sábanas.
No me mires desde la ausencia con esa gravedad un poco infantil que hacia de tu rostro una máscara de joven faraón nubio. Creo que siempre estuvo entendido que sólo nos daríamos el placer y las fiestas livianas del alcohol y las calles vacías de la medianoche. De ti tengo más que eso, nuestro planeta más preciso fue esa cama donde lentas, imperiosas geografías iban naciendo de nuestros viajes, de tanto desembarco amable o resistido de embajadas con cestos de frutas o agazapados flecheros, y cada pozo, cada río, cada colina y cada llano los hallamos en noches extenuantes, entre oscuros parlamentos de aliados o enemigos. ¡Oh viajero de ti mismo, máquina de olvido! Y entonces me paso la mano por la cara con un gesto distraído y el perfume del tabaco en mis dedos te trae otra vez para arrancarme a este presente acostumbrado, te proyecta antílope en la pantalla de ese lecho donde vivimos las interminables rutas de un efímero encuentro.
Yo aprendía contigo lenguajes paralelos: el de esa geometría de tu cuerpo que me llenaba la boca y las manos de teoremas temblorosos, el de tu hablar diferente, tu lengua insular que tantas veces me confundía. Con el perfume del tabaco vuelve ahora un recuerdo preciso que lo abarca todo en un instante que es como un vórtice, sé que dijiste " Me da pena, y yo no comprendí porque nada creía que pudiera apenarte en esa maraña de caricias que nos volvía ovillo blanco y negro, lenta danza en que el uno pesaba sobre el otro para luego dejarse invadir por la presión liviana de unos muslos, de unos brazos, rotando blandamente y desligándose hasta otra vez ovillarse y repetir las caída desde lo alto o lo hondo, jinete o potro arquero o gacela, hipogrifos afrontados, delfines en mitad del salto. Entonces aprendí que la pena en tu boca era otro nombre, y que no te decidías a mi nueva sed que ya tanto habías saciado, que me rechazabas suplicando con esa manera de esconder los ojos, de apoyar el mentón en la garganta para no dejarme en la boca más que el negro nido de tu pelo.
Cierro los ojos y aspiro en el pasado ese perfume de tu carne más secreta, quisiera no abrirlos a este ahora donde leo y fumo y todavía creo estar viviendo.

martes, 1 de abril de 2014

Invierno 2014

El invierno no es ni frio ni solitario, es simplemente la excusa perfecta para invitarte a pasar a mi cama y dormir juntos... 

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viernes, 31 de enero de 2014

La puta que vale la pena estar vivo!

Un hombre puede creer o no creer, eso es cosa suya, porque es su propia vida lo que apuesta, por la fe, la incredulidad, el amor, la inteligencia y no hay sobre la tierra otra verdad mas grande para el espíritu humano que esta gloriosa y humilde condición. El hombre arriesga su propia vida cada vez que elige y eso lo hace libre.

jueves, 30 de enero de 2014

Detener amores
es pretender parar el universo.
Quien lleva amor asume sus dolores
y no lo para el sol ni su reverso.
 

miércoles, 29 de enero de 2014

 
 
Pero prometo, a mas nadie que a mi misma
triunfar de nuevo en este juego apasionado
Y el dia que ya no le tema a los abismos
Agradecer a quien estuvo siempre al lado..







lunes, 27 de enero de 2014

Y si es que el tiempo existe yo quiero compartirlo,
si todo es una foto yo quiero estar al lado tuyo...


Quizá la más querida...

Me diste la intemperie,
la leve sombra de tu mano
pasando por mi cara.
Me diste el frío, la distancia,
el amargo café de medianoche
entre mesas vacías.
Siempre empezó a llover
en la mitad de la película,
la flor que te llevé tenía
una araña esperando entre los pétalos.
Creo que lo sabías
y que favoreciste la desgracia.
Siempre olvidé el paraguas
antes de ir a buscarte,
el restaurante estaba lleno
y voceaban la guerra en las esquinas.
 
Fui una letra de tango para tu indiferente melodía.
 
 

domingo, 12 de enero de 2014

Gracias vientre leal.

“A nadie”, había dicho el Colorado, “A nadie, ni siquiera a tu mujer. ¿Estamos?” y él había contestado: “Estamos”. “Ni el menor indicio, ¿eh? Bastante caro hemos pagado ya esos y otros liberalismos. Y la acción de mañana es particularmente riesgosa. Aun extremando las medidas de seguridad, vos y Alfredo van a correr mucho peligro. Eso lo sabes, ¿verdad?” “Está bien, ésta bien”, había dicho él. El Colorado había resoplado entes de concretar: “Bueno, a las siete te recogerá Alfredo en Durazno y Convención”.
       Ahora Marta le servía lo que ella denominaba “costillitas de cerdo a la riojana, versión libre”. Siempre, para bromear, le ponía un papelito sobre el plato con el menú del día. Ñoquis a la romana. Escalope a la Viena. Creme de parmentiere. Y así por el estilo. Esto de “a la riojana” le había quedado de cierta vez que fueron a Buenos Aires y a él le había gustado aquella combinación. Era la época en que todavía podían ir de compras cada tres meses, y de paso veían cine, teatro, exposiciones. A ellos, que en Montevideo vivían rodeados de padres, suegros, tíos, primos, sobrinos, aquellas escapadas les servían como una puesta al día de su mejor intimidad. Se sentían más unidos, más pareja, caminando del brazo por Corrientes que en su propia casa donde había ojos en todos los rincones y en todos los retratos. Pero hacía tiempo que esas “lunas de miel” se habían acabado. Ahora había que hacer milagros con la plata.
      —¿Te llamó tu madre? – preguntó Marta.
      —Sí. Veinte minutos. De un tirón.
      —¿Qué quería?
      —Lo de siempre: compasión. Pobre vieja. Cómo se mira el ombligo. El mundo puede venirse abajo, pero para ella no hay nada más importante que el almacenero que le cobró de más y le peso de menos.
      —¿Sabes lo que pasa? Es bravo llegar a los setenta, y estar sola, y no haber hecho otra cosa que pensar en sí misma. Además, a esa edad, ¿vas a pretender cambiarla?
      —Ni se me ocurre. Apenas si alguna vez le digo: “Vieja, ¿por qué no lees los diarios? Así a lo mejor te enteras de la gente que muere de hambre en el nordeste brasileño, de los niños que en Vietnam son quemados diariamente con NAPALM, y también de los botijas que aquí, en tu país, no han probado jamás leche. Entérate de todo ese y vas a ver cómo mañana vas corriendo a darle un besito al almacenero que, con toda humildad, apenas si te afanó treinta pesos”.
      Cuando iba por la mitad de la última frase, se fijó de pronto en lo linda que estaba Marta esta noche. No venía nadie, y sin embargo se había puesto el vestido azul. O sea que era por él, nada más por él. Simultáneamente con la comprobación de lo bien que le quedaba el vestido , le vinieron unas tremendas ganas de quitárselo. Pero se contuvo.
      —Qué linda estás hoy.
      —¿Hoy nomás?
      Ese juego de frases era casi una tradición entre ellos. Tenían varias series de esos dialoguitos automáticos. A veces funcionaban bien y provocaban otros dialoguitos, éstos sí improvisados. Otras veces, en cambio, sonaban a rutina. Dependía de tantas cosas: del estado de ánimo de uno, o de los dos; de la buena o mala digestión; de la noticia desalentadora escuchada en la radio; hasta de la niebla, la lluvia o el sol, que podía registrarse en la ventana del living.
      —Vos en cambio estás feo.
      —El hombre es como el oso, ¿no?
      —Sí, cuanto más feo más espantoso.
      En realidad, la variante era de èl, pero ella se había reído mucho cuando él la había incorporado al folklore doméstico.
      —¿Te pido algo? No limpies la cocina esta noche. Déjala para mañana.
      —¿Vos me ayudas mañana?
      El vaciló, y ella se dio cuenta.
      —Ah, no me ayudas.
      —Mira, no voy a ayudarte mañana, porque tengo que salir temprano. Pero igual te pido que no limpies la cocina esta noche.
      —Bueno, el argumento no es muy convincente.
      —¿Y la mirada?
      —La mirada sí.
      —¿Entonces no limpias?
      —Entonces no limpio.
       Todo estaba implícito. Ocho años de matrimonio , ocho buenos años de matrimonio, crean rutinas, claro, pero también crean entrelíneas, claves, contraseñas. “No tenemos que dejar que nos aplaste la costumbre”, decía él a menudo. “Siempre hay que crear, siempre hay que inventar”. “¿Y yo te empujo mucho a la costumbre?”, preguntaba Marta. “No, en absoluto. Porque no alcanza con que invente un solo integrante de la pareja; no alcanza con que se renueve uno solo. Algunas noches vos me haces una caricia nueva, una caricia inédita, y fíjate qué curioso, esa caricia nueva también sirve para revitalizar las viejas caricias, como si las contagiara de su novedad”.
      —Venì. Quiero quitarte yo el vestido.
      —¿Qué pasa, amor?
      —Nada. Sólo quiero quitarte yo el vestido. Ya que es tan lindo.
       Marta se enfrento a él, alegre y sorprendida, como dispuesta a iniciar un juego del que aún no había captado totalmente el sentido.
      —Quite pues.
       El descorrió lentamente los cierres, desabotonó lo que había que desabotonar, y luego presionó hacia abajo. El vestido azul quedó arrollado a los pies de Marta. Ella iba a recogerlo, pero él le dijo: “Después”. “Se va a arrugar”. “No importa”. La hizo girar frente así, le desprendió el sostén.
      —Realmente estás mucho más linda que cuando nos casamos.
      —Pero ¿qué pasa, amor?
      —Eso es lo que quería confirmar. Ya lo he confirmado. Ahora venì.
      —¿Usted no se piensa desvestir, compañero?
      —¿Lo crees necesario?
       — Absolutamente.
       “A nadie”, había dicho el Colorado, “ni siquiera a tu mujer”. Quizá por eso, él sentía oscuramente que en este acto de amor iba a haber una trampa. Pero estaba resuelto a trampear. Estaba resuelto, aun en el instante de empezar a recorrer morosamente el cuerpo de Marta. Sus manos estaban esta noche como nuevas. Su tacto tenía hoy una increíble sensibilidad, todo lo captaba, todo lo excitaba, todo lo enamoraba. Le pareció incluso que sus manos se habían vuelto repentinamente memoriosas, ya que al acariciar un pecho, o un trozo de cintura, o un muslo, recobraba con sorpresa sensaciones muy anteriores, es decir, volvía a sentir (Junto con el tacto nuevo) un recuperado tacto antiguo.
       Marta advirtió que ésta esa una noche excepcional. No sabía la razón. Pero dejó para averiguarlo luego.
       No era ésta una noche para estar pasiva, dejándose amar y punto. Era una noche para amar ella también activamente, entre otras cosas se sentía invadida por un deseo tierno, fuera de serio. El le susurraba: “Linda, tierna, buena”, y ella sentía que efectivamente lo era, en ese instante al menos. Por su parte, ella no decía nada. Le gustaba que él le dijera cosas, pero ella callaba. Sólo sus ojos y sus manos hablaban. Y eso bastaba.
       Mientras los ojos y las manos de Marta hablaran, a él no le importaba que no hubiera palabras. Las palabras las imponía él. Siempre había alguna nueva, y la palabra nueva era como una nueva caricia, y también enriquecía las palabras de siempre.
       Sólo en un instante, cuando èl sintió que se conmovía casi hasta el llanto, ella abrió desmesuradamente los ojos, suspendió todo ritmo y murmuró en su oído: “¿Qué hay?” Él balbuceo promesas, pidió perdones, juró amor, pero todo en un lenguaje cifrado que ella no alcanzó a comprender. Allí el deseo reclamó sus derechos, y también esa duda quedó para después.
       Quedaron fatigados, satisfechos, unidos. Él pasó el brazo bajo el cuello de Marta, y permanecieron en silencio, lo dos fumando.
      —Hacía mucho que...— empezó él.
      —¿Verdad que sí? ¿Por qué será? Después de todo, somos los mismos hoy que la semana pasada.
      —Quién sabe.
      —Estos contenta ¿sabes?
      —¿De qué? ¿De que el país ande como el diablo?
      —No, estoy contenta por que nosotros andamos bien.
       Lo del país me amarga, claro. Pero te confieso que todavía no soy lo suficientemente generosa como para anteponer el destino del país al destino nuestro.
      —¿No te parece que el destino del país nos incluye a nosotros?
      —Si, claro.
      —¿Y entonces?
      —Ya te dije que no soy lo suficientemente generosa.
      —No es cierto.
      —Bueno, a veces soy generosa casi por egoísmo. Con vos, por ejemplo. ¿Cómo no ser generosa con vos?
       Pero eso también es egoísmo.
      —Todo mezclado como dice Guillén.
      —Pero estoy contenta porque intuyo que todo lo nuestro va a ir cada vez mejor. Y a corto plazo.
      —Ojalà Dios mejore de su sordera.
      —¿Y eso?
      —Es mi modo de decir que Dios te oiga.
       Ella sonrió por entre el humo.
      —Decime: ¿pensàs seguir militando?
      —Sí.
      —¿Lo crees realmente necesario?
      —Sí, Marta, lo creo, sobretodo para mí, para nosotros.
      —A veces tengo miedo. Todo se está complicando tanto. No sé si vale la pena el sacrificio.
      —Siempre vale la pena.
      —Ese miedo es la única nube a la vista. Ya han caído tantos. ¿Puedo decirte algo?—Claro.
      —No asumas riesgos mayores.
      —No hay riesgos mayores y riesgos menores. Hay riesgos. Punto. Y a ésos no pienso sacarles el cuerpo.
      —Vos bien sabes a qué me refiero. No podría soportar que te pasara algo.
      —No me va a pasar nada.
      —Ya sé. Ya sé. Pero...
      —¿Vos me querrías si supieras que le escapo a los riesgos, que me acobardo y flaqueo?
      —No sé. No creas que es tan simple. A lo mejor mi cabeza te haría reproches, pero creo que mi vientre te querría igual. ¿Sabes una cosa? Mi cabeza puede atenerse a principios, y hasta asumir compromisos. Pero para mi vientre vos sos mi único compromiso. Lo que pasa es que es un vientre leal ¿no crees?
       Él siguió fumando en silencio, conmovido. Ella esperó la respuesta, luego insistió.
      —¿Qué? ¿No lo crees?
      —Sí, lo creo.
       Y la volvió a abrazar. Esta vez sin otra intención que saberla cerca, y sentir de paso la lealtad de aquel vientre.
       Se durmieron de a poco, despertándose o semidespertándose sólo para sentirse confortados con la piel del otro, como si el simple tacto los pusiera a salvo de toda desgracia.
       Él se despejó por completo diez minutos antes de que sonara el despertador. Durante la noche Marta se había apartado y ahora dormía boca abajo, sin sábana: realmente una gloria. No la tocó siquiera. Se levantó en silencio, fue al baño, se vistió de apuro. La miró una vez más. En un papel garabateó una frase: “Gracias vientre leal”, y lo dejó sobre la cama en desorden.
       Salió a la calle y miró el reloj: tenía el tiempo justo para encontrarse con Alfredo en Convención y Durazno.


Mario Benedetti

domingo, 5 de enero de 2014

Del dolor a la revolucion por amor

El amor jamás se escapa, porque el amor esta en uno.
Yo soy de esas personas que todavía cree que el amor no se busca en el otro, que se vive y se lucha por el amor que uno tiene dentro y en consecuencia con el amor del otro se potencian. Se potencia uno más otro para ser más que dos.
Si, definitivamente: el amor no se busca en el otro...
Pero cuando el amor no se busca y sin embargo se encuentra comienza la fiesta, viajes hasta la luna llena en donde basta solo mirarse a los ojos del otro para elevarse, caricias se regalan con tan solo sentir el viento soplar la cabellera del otro, y bailes en los que uno participa con tan solo observar las hojas danzar...
Si, definitivamente: el amor no se busca en el otro.. Porque el amor solo surge y eleva, y como yo estoy llena de amor, aunque quiza el portador de ese amor se alla ido, alla perecido en el intento de transformar esta pequeña luz en una quimera eterna de amor puro, el amor yo lo tengo... Y cambia de forma, y cambia de cara, y cambia sus ojos, sus caricias, sus palabas... El amor simplemente se transforma, nace y muere en mi cada día en distintas formas, y es por eso que digo el amor no se busca en el otro. 
Una vez lei que si alguien busca amor es porque esta incapacitado para darlo él mismo, y entre golpes y llantos me dí cuanta de que yo al amor lo llevo conmigo siempre. Y que seguire pintando escribiendo y cantandole siempre al amor, porque es la unica manera de mantenerlo vivo.
Porque se vuela cuando hay amor, se lucha y se consigue la libertad. Porque las grandes revoluciones han sido por amor a algo, y yo señores me juro a mi misma : amar con la fuerza suficiente como para comenzar grandes revoluciones por mi amor.. Y cada dia lucho por ello.
Hace poco aprendi que el amor no sabe de tiempo ni espacio,no sabe de reglas, simplemente sucede y eleva... Y que hay almás que permanecen siempre jovenes, que no decaen, que brillan a travez de la eternidad y que están ahi, sin ser vistas, sin ser persibidas, y cuando encuentran la ocacion despiertan, y se iluminan más que antes, y todo eso les sucede por amor al amor mismo... Si tan solo pudieses entender.
Uno es joven para toda la vida si asi lo desea, si asi lo siente, si asi nace, con un alma libre y pura, aunque tambien un alma libre y pura se construye cada día...Pero a veces creo que simplemente algunos no nacieron para elevarse y elevar,y permanecen en el suelo esperando un tornado que los sacuda de su letargo, que ellos mismos buscan, entonces caigo.
Neruda alguna vez ha escrito, voló porque tenia alas, y usted continua terrestre... Bueno, yo no quiero continuar terrestre! Y esa es la fuente pura de mi amor, soñar con elevarme por amor, y volar para ser libre, porque la libertad es amor en el estado más puro. y las personas a veces confundimos amor con posesion, cuando el amor nada tiene que ver con eso, y es por eso que hoy amo más que ayer, porque dejo libre todo amor hacia la otra persona, dejo que se libere de mi, que vuele, que me olvide...
Es en el dolor de soltar un gran amor cuando uno se da cuenta de la pureza que esto trae, limpia sentimientos sucios y simplemente dejas ser., ese dolor se convierte en un escudo para el alma, un escudo que protege frente al tiempo y a las adversidades lo poco que nos queda de inocencia. Ese dolor se transforma en amor, transitamos del dolor a la revolucion por amor, por amor a uno mismo.

Y así hoy, un poco más liberada que ayer, te dejo volar para que desde lejos me guies, y sueñes más alla de mi, más alla de nuestros sueños, porque nuestros sueños volaron cuando el amor se confundio con mentira. Y como amar implica no arrepentirse de la entrega del corazon al otro, hoy no me arrepiento de este corazon roto... Porque un alma joven siempre sueña con volver a entregarse por amor, y es que cada dia aprende un poco más a entregar su amor al mundo sin esperar nada a cambio. Hoy no lloro dolores, sino alegrias del aprendizaje que me dejaste en el camino, y sigo vuelo hacia una utopia que se mueve siempre más alla del sol, porque volar correr o simplemente caminar en busca de la libetad del corazón, nos trae un poquito más de amor a esta selva de calles, semaforos,casas, negocios, puestos y gente que llamamos nuestro mundo.

 

jueves, 2 de enero de 2014

El agua fluye a mis pies, ¿debería dejarme llevar?


¿Por que será que siempre voy contra corriente, contra vos, contra lo que siento, contra todo mundo?
Vos dirás que es mi naturaleza, yo digo que es por miedo a que se me haga costumbre nadar como todos los demás. Tal vez son solo excusas para alejarte otra vez de mi, o tal vez solo tal vez muy en el fondo se que no quiero que te vayas nunca, y eso me aterra.